Libros: El triunfo de la información.

De siempre se sabe que la información, en cierto modo, es casi todo. Tanto el mundo inerte como el viviente se construyen con y por información. Y desde siempre se sabe también que la información es poder. Pero el creciente y hasta exponencial aumento y perfeccionamiento de los “medios” (en el sentido más general) de información en el siglo XX y en lo que va de este ha llevado al rótulo de “sociedad de la información y comunicación”.

El triunfo de la información estudia la información, en un tono de buena divulgación, en la primera parte, desde el punto de vista de la física; después, es un intento de reinterpretación de la economía desde esa óptica de la información.

Ese enfoque permite al autor tratar de economía fuera de perspectivas ideológicas o partidistas. Un ejemplo: el mercado. Basta nombrarlo y surgirán sus apologistas y sus detractores. El autor escribe, en cambio: “Los mercados no nos hacen más ricos, sino más sabios, ya que generan riqueza cuando nos proporcionan acceso indirecto a los usos prácticos del conocimiento y la imaginación que nuestra especie ha sido capaz de acumular”.

Otro rasgo interesante del libro es la conexión entre información e imaginación, entendiendo esta última como productora de más información. Es lo que llama “cristalización de la imaginación”. “Para generar formas complejas de información, como las que pueblan nuestra sociedad moderna, necesitamos desarrollar formas complejas de computación en las que participan redes de humanos. La sociedad y la economía actúan, por lo tanto, como un ordenador distribuido que acumula el conocimiento y el knowhow necesarios para producir la información que deseamos”.

Hoy todos son redes: “Existe una relación entre la complejidad de una actividad económica y el tamaño de la red social y profesional necesaria para ejecutarla”. En realidad, como dije al principio, siempre ha sido así. La novedad es la mayor y creciente complejidad.

Menos de acuerdo estoy con esa especie de “materialismo técnico” que es el trasfondo del libro y que sugiere que el autor, de nacionalidad chilena y profesor en el MIT, es competente en ciencias pero su imaginación “cristaliza” menos en filosofía. ¿Por falta de información?

Rafael Gómez Pérez (ACEPRENSA)

2017-11-06T12:53:48+00:006th noviembre 2017|Alumni FF|