Día
4 de marzo.
“Cómo educar a un hijo adolescente
y no quemarse en el intento”.
A
continuación se recogen algunas de las
ideas principales de la conferencia: “Cómo
educar a un hijo adolescente y no quemarse en
el intento”, a cargo del Prof.
Dr. Aquilino Polaino-Lorente, Catedrático
de Psicopatología de la Universidad Complutense,
Director del Departamento de Psicología
de la Universidad San Pablo-CEU, psiquiatra en
ejercicio y autor de numerosas publicaciones relacionadas
con esta cuestión.
Después
de referirse a la adolescencia como una etapa
de crisis, el Dr. Aquilino Polaino se centró
en tratar de ver este periodo desde el interior
del adolescente. En este sentido, fue señalando
y desarrollando algunos conflictos en los que
se ven inmersos:
| 1.
Dependencia-independencia. |
|
2. Ser admirados-tener miedo a ser descalificados
socialmente. |
| 3.
Querer-ser queridos. |
| 4.
Luminosidad del cuerpo-oscuridad de la sexualidad. |
| 5.
Aceptación-exclusión del grupo
de pertenencia. |
| 6.
Ser juzgado-juzgar. |
| 7.
Narcisismo radical-autorrechazo. |
|
8. Desear todo ya y ahora-“pasar”
de todo. |
| 9.
Ser un sabio, místico-con desgarramientos
ascéticos. |
Por
otro lado, expuso siete características
de deben reunirse para que unos padres eduquen
bien a un hijo adolescente:
| 1.
Disponibilidad, seguridad, confianza. |
|
2. Comunicación. |
| 3.
Coherencia. |
| 4.
Buen humor, inquietudes y espíritu
de iniciativa. |
| 5.
Aceptar las limitaciones ajenas. |
| 6.
Conocer bien al hijo para afirmarle en lo
que vale. |
|
7. Estimular la autonomía personal
y el esfuerzo. |
Como
conclusión, quiso ofrecer una idea clave,
clara y sencilla: “Dedicar tiempo hijo a
hijo todos los días. Ése es el tesoro
que cada hijo se lleva de sus padres”.
Ahora
reproducimos un párrafo del reciente libro
publicado por el Dr. Aquilino Polaino, Familia
y autoestima, en el que describe el comportamiento
y el punto de vista típico de un adolescente:
“El
adolescente devora a deshora todo cuanto hay en
la nevera y deja sembrada la cocina de desperdicios
inútiles, pero no suele compartir la comida;
con sus padres; entrar en su cuarto es como visitar
una «leonera» en la que las camisas
recién planchadas conviven son unos jeans
embarrados que no se han mandado a lavar desde
hace dos meses y unos calcetines sucios de hacer
deporte; deja siempre el estudio para los días
anteriores a los exámenes y es incapaz
de hacerse un plan ordenado o sacrificar si¬quiera
la «movida» de una noche; concibe
planes fantásticos donde pasar sus vacaciones
o ampliar los estudios que está haciendo,
sin tener en cuenta el precio que hay que pagar
por ello; exige, exige y exige que todo esté
a punto, desde la comida a la ropa, pero es incapaz
de satisfacer el más pequeño encargo
que se le hace; del ordenador al móvil,
así transcurre su vida, sin que nadie pueda
corregirle en algo por considerarlo como una invasión
de su intimidad, atentatoria del más elemental
de los derechos humanos; comienza a tomar su casa
como si se tratara de una «pensión»,
sólo que supone que nada ha de pagar por
ello; y no consiente que nadie se inmiscuya en
lo que considera son sus asuntos, sus planes de
cada día, ,por lo que se ofende si sus
padres le piden cuentas acerca de sus estudios
o del cuidado de las sosas que usa.” (Aquilino
Polaino, Familia y autoestima, editorial Ariel,
pág. 201).